|
LA PELICULA DEL MANAGEMENT EN LOS
92 AÑOS DE DRUCKER
La gestión es una ciencia empírica
antigüa. Siempre tuvo prácticos eximios
y numerosos profetas. Algunos son nombres fundadores
de los cuales las generaciones más recientes
apenas oyeron hablar, como el francés Henry Fayol,
el alemán Walther Rathenau, el japonéss
Shibusawa, o los americanos Mary Parker Follet y H.L.Gantt.
De otros, probablemente, oirían hablar mal- como
Frederic Winslow Taylor (transformado en "demonio"
con el epíteto de "taylorismo") o Alfred
Sloan, la fuerza de la naturaleza que moldeó
el grupo empresarial capitalista moderno. Pero, sólo
en la segunda mitad del siglo XX, el management se convirtió
en una doctrina asimilable para el común de los
mortales, algo que podía aprender y enseñar.
Son muchos los académicos y consultores que asocian
su nombre a esta "masificación". Pero
el hombre que inició esta revolución tiene
hoy 92 años. Fue bautizado como "Dr.Management",
término que se reusa a reconocer. Además,
nos advierte que No debemos encarar esas ideas como
"recetas" - sino como herramientas a adecuar
según el contexto.
Jorge Nascimento Rodrigues
(Febrero 2002)
Estamos a dos años de un aniversario original
- en el 2004 se cumplirá medio siglo de la publicación
de The Practice of Management, considerada la primera
"biblia" de gestión. Aun en la edición
de bolsillo, de letra minúscula - como la londinense
de Pan Books de los años 60 - son más
de 450 páginas.
La intención del libro era "disminuir la
brecha entre lo que puede y lo que debe hacerse, entre
los líderes de la gestión y el término
medio". Y, en el inconfundible estilo de su autor,
explicaba: "A pesar de no estar preocupado por
las técnicas, este es un libro práctico.
Se basa en muchos años de experiencia de trabajo
con varios tipos de gestión - tanto en las pequeñas
empresas, como en las grandes y hasta en las muy grandes
". El autor agradece la inspiración recibida
de algunos prácticos de gestión, citando
una numerosa lista, aunque destaca el nombre del que
considera "padrino" del libro, Harold Smiddy
de la General Electric de aquellos años. Y, más
adelante, destaca: "Pero este libro también
ha sido escrito para el ciudadano común, sin
experiencia directa en gestión".
Peter Drucker, el hombre que escribió ese libro
y las palabras introductorias en New Yersey en 1954,
tenía entonces 45 años y, en 2004, tendrá
94 años.
En estos 50 años fueron muchas las "buzzwords"
- algunas de las cuales quedaron completamente olvidadas,
ya que no pasaron de ser una moda. Pero existe una buena
parte - como la calidad en los años 50, las relaciones
humanas en los años 50 y 60, la estrategia y
el marketing en los años 60, la excelencia en
los 80, el aprendizaje organizacional en los 70, la
competitividad en los años 80 y 90, las competencias
nucleares y la reingeniería en los 90 - que dejaron
una marca profunda, y continúan siendo "herramientas"
útiles, si se las encara como tales y no como
doctrinas milagrosas.
Un acontecimiento histórico
La revolución iniciada por Drucker en los años
40 puede parecer casi accidental - él mismo es
tan modesto como para rechazar el apodo de gurú
de los gurus de management. Y confiesa que el éxito
de ventas de The Concept of The Corporation - el libro
que escribió en 1946 basado en el estudio de
la General Motors - fue, hasta para él mismo,
una sorpresa que demostró que "había
un enorme interés por la gestión".
El por qué de este interés "popular"
es comprensible, si retrocedemos a la época.
Los prácticos del mundo empresarial - como Alfred
Sloan, el hombre que cambió la cara de la administración
y organización de las grandes empresas, con su
experiencia en la General Motors desde 1923 - encaraban
la gestión como el don de un príncipe
y, naturalmente, gustaban de hacer del asunto un coto
privado. Ahora bien, el flujo de gente que venía
de profesiones relacionadas con la ingeniería
y las instituciones financieras y que, de pronto fueron
"empujadas" hacia posiciones ejecutivas, sin
tener ningún bagaje en la materia, crearían
ese mercado potencial.
Drucker, con la trilogía de libros que publicó
en los años 40 y 50 - The Concept of The Corporation
(1946), The New Society (1951) y The Practice of Management
(1954) - mostró, de un plumazo, tres cosas: que
había, en realidad, una nueva profesión
históricamente emergente (el gerente o el "ejecutivo"
como, en 1938, lo denominara Chester Barnard), que se
transformaría en un nuevo segmento social en
la post-guerra; que había nacido un nuevo tipo
de estructura organizacional ascendente (la corporación)
y que surgía la posibilidad de aprender a gobernar
las empresas y organizaciones, de transferir el "know
how" de gestión de alrededor de media docena
de capitanes de la industria y profetas, a un público
más amplio.
"El surgimiento del management como una institución
distinta, fundamental y líder es un fenómeno
esencial en la historia social. Raramente - si es que
alguna vez ocurrió algo semejante - una nueva
institución básica, un grupo líder
nuevo, emergió tan rápidamente como sucedió
con el management desde el amanecer de este siglo (XX)",
escribió Drucker en la primera página
del primer capítulo de The Practice of Management.
Drucker no "inventó" la disciplina
de la gestión - el rechaza perentoriamente esa
afirmación de algunos comentaristas apologéticos.
Intuyó un movimiento social y se dedicó
a sistematizar lo que los profetas y prácticos
anteriores venían produciendo.
Después de este introito fundador, la película
del management de la segunda mitad del siglo XX puede
comenzar.
Exiliados & Heréticos
Los dos primeros grandes movimientos de gestión
en la post-guerra son curiosamente protagonizados por
gente que, o no era del agrado de los patrones de la
época o que sólo fueran escuchados en
el "exilio", bien lejos de América
y de Europa, donde el lector menos esperaría,
¡en Japón!
El movimiento de la Calidad lanzado por las obras de
W. Edwards Deming y Joseph Juran en los años
50 sólo sería "oído"
entre los japoneses y completamente olvidado por los
occidentales (que recién descubrirían
a Deming en1982 cuando escribió Out of the Crisis,
y a Juran cuando publicó Planning for Quality
en 1985).
Todo comenzó en el lejano Imperio del Sol Naciente
(salido de una derrota humillante) cuando Ichiro Ishikawa,
primer presidente de la Federación de las Organizaciones
Económicas del Japón y de la Unión
de los Científicos e Ingenieros Japoneses, invitó
a un oscuro estadístico (que colaborara en 1947
en la organización del censo japonés de
1951), de nombre W. Edwards Deming, a dar una conferencia
en el Club de los Industriales de Tokio en julio de
1950.
Deming iba más allá de la tradicional
visión "ingenieril" del control de
calidad - traída al Japón inmediatamente
en la post-guerra por un grupo de ingenieros americanos
muy influenciados por el enfoque estadístico
de Walter Shewhart. Si la calidad es, de hecho, para
que ocurra en la práctica tiene que ser, liderada
por la gestión - este fue el principal mensaje
de Deming a su audiencia en Tokio.
Los japoneses crearían un Premio - Deming Application
Prize - cuyo primer ganador fue, en 1951, Koji Kobayashi.
Por otro lado, aquellos años verían el
surgimiento de los herejes de la llamada corriente de
las relaciones humanas- de la "humanización"
del lugar de trabajo y de un nuevo tipo de relaciones
con los trabajadores. Actuaron muchas veces en el terreno
de la casi clandestinidad, sin divulgar sus "experiencias"
de creación de las "fábricas socio-técnicas"
(el lector se sorprenderá al saber que la primera
tuvo lugar en Procter & Gamble).
El movimiento comezó a llamar la atención
del exterior cuando The Human Side of Enterprise, escrito
por Douglas McGregor en 1960, despertó una ola
de lectores y cuando el artículo escrito en 1968
por Fredrick Herzberg en la Harvard Business Review
- "Como se motiva a los empleados" - se convirtió
en el más solicitado hasta hoy.
McGregor inventó una alegoría en torno
de la oposición entre lo que designó como
la "teoria X" y la "teoria Y" -
o sea, en el primer caso ("X") tendríamos
el reino de la autoridad y del comando y control frente
a la mediocridad innata de los "ejecutantes";
en el otro extremo ("Y"), había que
liberar el empeño y la competencia de todos,
porque "el humano típico no es un haragán
innato" y no es cierto que con el garrote y la
zanahoria las personas trabajen con eficacia - esta
viene de la motivación, del compromiso.
A pesar del simplicidad de esta división -que
el propio autor siempre rechazó -, la idea había
tenido alguna experimentación práctica:
McGregor había colaborado con el diseño
de las fábricas de Procter & Gamble, en Georgia
(en los Estados Unidos), que se convertiría en
un éxito de performance.
El Marketing no es cosmética
Las ventas eran tradicionalmente abrillantadas con
los típicos trucos que transformaban el arte
de vender en casi charlatanería. Hasta que un
profesor de la Harvard Business School y consultor dio
un aire de seriedad al tema. Un célebre artículo
en la revista Harvard Business Review de Julio-Agosto
de 1960 ostentaba el polémico título de
"Miopía en el Marketing". El artículo
estaba firmado por Theodore Levitt, a quien bautizaron
como el "padre" del Marketing, cuando éste
pasó a ser una disciplina respetada.
El artículo en cuestión pertenece a un
grupo selecto de "papers" académicos
que transformaron, de hecho, la concepción del
mundo de los prácticos en las empresas. En ese
artículo, Levitt hace una distinción entre
las tareas de ventas y el marketing. Argumentaba que
la preocupación central de las empresas debería
ser satisfacer a los clientes y no producir bienes y
"encajárselos" con trucos.
Esta emergencia del marketing surgió luego del
renacimiento de las marcas (Marlboro, al final de los
años 50, se convirtió en un case study).
El trabajo pionero de Levitt llevó a una lenta
comprensión de que invertir en esta área
era crear algo "inmaterial" (diríamos
hoy) en la cabeza de las personas concretas que constituyen
los mercados.
El otro pilar humano de esta disciplina fue Philip
Kotler. A él le debemos expresiones como "segmentación",
"posicionamiento" y "definición
de target". Reforzó las convicciones de
Levitt y nos dió esta perla de definición:
El marketing no es cosmética para vender lo que
se tiene, sino el arte de crear valor para el cliente.
Con Marketing Management, de 1967, el autor dio el puntapié
inicial para más de 25 libros suyos hasta el
día de hoy.
Estrategia & Paradigma
Los años 60 asistirían, también,
al triunfo de la estrategia - como disciplina "reina"
del management. Un historiador económico, Alfred
Chandler, en1962, escribió Strategy and Structure
colocando a la estrategia en la cima de la agenda y
diciendo claramente que debería "liderar".
Las decisiones sobre la estructura de las organizaciones
se inferirían después en conformidad con
la estrategia.
Igor Ansoff publicó, cinco años después,
Corporate Strategy, y lanzó la moda del planeamiento
estratégico (que daría al grupo Shell
la fama de haberse anticipado a la crisis petrolera
de los años 70). Ansoff fue vice-presidente de
la Lockheed y creía que había descubierto
un "modelo práctico para la toma de decisiones
estratégicas en una empresa". El separó,
definitivamente, la gestión operacional de la
gestión estratégica.
Kenichi Ohmae, un japonés desconocido, que se
doctorara en energía nuclear en el MIT, escribiría
en Tokio La mente del estratega en 1975 (los occidentales
sólo lo descubrirían en 1982, con la traducción
del libro). La tesis del consultor de McKinsey en Tokio
era que el secreto de los japoneses no residía
en grandes staffs de planeamiento estratégico
en las empresas - la clave era un estratega talentoso
que se guiaba por un triángulo estratégico:
la empresa, los clientes y la competencia.
Peter Drucker, por su lado, fue de los primeros en
anticipar la "gran factura histórica"
de los años 70 (abandono del patrón oro,
crisis petrolera, agotamiento del modelo de crecimiento
industrial, "take off" de la computadora personal).
En The Age of Discontinuity (1969) habló del
surgimiento del "trabajador del conocimiento"
y de su impacto en la economía y la sociedad.
Fue precisamente en estos años que se difundió
la idea de "cambio de paradigma" y de comenzar
a "pensar lo impensable" con los futuristas
como Herman Kahn, la pareja Toffler (con el primer libro,
El choque del Futuro), Willis Harman y Oliver Markley
(Changing Images of Man), Jay Forrester y la pareja
Meadows (que escribió el célebre relato
Limites al Crecimiento), y con los sociólogos
heraldos de la "sociedad pos-industrial",
como Daniel Bell y Alain Touraine.
La competitividad
Al comenzar la década de los 80, la estrategia
vuelve a estar en la cima con el trabajo de un académico
de la Harvard Business School, Michael Porter, que crearía
el concepto de "ventaja competitiva", que
ganaría el discurso empresarial y, más
tarde, el político. Su libro Competitive Strategy,
de 1980, se convirtió en una "biblia".
Drucker, que raramente refiere autores vivos, considera
su trabajo como un ejemplo de solidez en la investigación
académica de gestión.
A Porter le debemos el modelo de las cinco fuerzas
competitivas - la entrada de nuevos competidores, la
amenaza de substitutos, el poder de negociación
de los compradores, el poder de negociación de
los proveedores y la rivalidad entre competidores -
y el concepto de estrategias genéricas. Con este
último, Porter abrió tres puertas para
la orientación de una empresa: competir por la
diferenciación, liderar por el costo, o focalizar.
Quien escoge bien, tiene éxito. "Intentar
ubicarse en el medio deja a la empresa en una situación
estratégica muy pobre", escribió
el Profesor de Harvard.
Japoneses & Excelencia
Pero, casi en la penumbra, nuevos protagonistas de
geo-economía comenzaban a dar cartas. De pronto,
al inicio de los años 80, Occidente descubría
sorprendido lo que bautizarían como "gestión
a la japonesa" (fue también por esa época
que se supo del éxito del movimiento de la calidad
en algunas industrias japonesas).
En junio de 1980, un programa televisivo de la NBC
(cadena norte-americana) levantaba la polémica:
"Si Japón lo logra, ¿por qué
nosotros no?". En lo que estuvo involucrado Deming.
Los libros sobre este "modelo" de paulatina
innovación "incremental" ocurrieron
en 1981 - por la pluma de William Ouchi (que acuñó
el célebre título Teoria Z, una noción
inspirada en los trabajos finales de McGregor antes
de su muerte en 1964, y que subtituló 'El desafio
japonés') y con The Art of Japanese Management,
de Richard Pascale y Anthony Athos.
El contra-ataque americano a este deslumbramiento por
el Japón no se hizo esperar.
Con alguna ingenuidad y ausencia de rigor en la investigación
científica, Tom Peters y Robert Waterman, consultores
de McKinsey, produjeron un informe tipo reportaje dónde
mostraban que había empresas exitosas en América.
En un golpe literario, por pura casualidad, produjeron
el libro de management más vendido - En busca
de la Excelencia, publicado en 1982. El management llegaba
finalmente a las masas. Iniciándose el "boom"
de la literatura de gestión.
Tom Peters, todavía hoy, recuerda ese momento:
"El libro fue un punto de inflexión que
marcó el fin de una era y el comienzo de otra.
La búsqueda de la 'excelencia' fue en su época
un mensaje revolucionario", confesó recientemente
a la revista Fast Company, en ocasión del próximo
aniversario de los 20 años de publicación
del libro.
También, en este período, nace la idea
de "cultura de empresa" con el libro de un
psicólogo social, Edgar H. Schein, Organizational
Culture and Leadership, en 1985. Fue el quien escribió:
"La empresa es un vehículo económico
inventado por la sociedad. Las empresas no tienen derecho
divino para sobrevivir. Pero los sistemas de valores
y las filosofías sobreviven. Las personas las
llevan con ellas".
Más tarde haría la radiografía
de las varias culturas de gestión en choque dentro
de las organizaciones y que tienen dificultades en coexistir
- la de los prácticos, la de los ingenieros y
la de los ejecutivos. El éxito resulta de "alinearlas"
y de promover el"diálogo cultural cruzado
entre ellas", recomienda Schein.
La industria de los gurús
y de las "buzzwords"
El éxito editorial del libro de Tom Peters y
Bob Waterman abrió terreno a una verdadera industria
- de "best sellers" y de gurús, entre
académicos, consultores con experiencia en el
terreno, meros diletantes y "entertainers".
La primera parte de la década de los 90 vio
sucederse un remolino de "buzzwords", muchas
de ellas pioneramente lanzadas en la revista americana
Harvard Business Review y después transformadas
en "best sellers", en verdaderos negocios
de consultoría de masa - como sucedió
con la reingeniería inventada por Michael Hammer,
un profesor de ciencias de computación del MIT,
en1990.
El artículo original en la Harvard Business
Review llevó el título de "Reingineering
Work: Don't Automate, Obliterate", un grito radical
contra la herencia de la Revolución Industrial,
que sería reforzado con un libro. "Mientras
que la Revolución Industrial se focalizó
en las tareas individuales, la revolución de
la reingeniería se concentró en todo el
proceso, centrándose en el trabajo de cada persona
", explicaba Hammer de un modo simple a sus discípulos.
La reingenería sería, mientras tanto,
víctima del contexto del "downsizing"
en muchos sectores, en la primera mitad de los 90, y
quedaría "filtrada" definitivamente.
Su nacimiento al final de la era pre-Web, no le permitió
"cabalgar" el boom posterior.
La década de los 90 asistiría, de hecho,
a la multiplicación de las herramientas de gestión
- concretamente las competencias nucleares distintivas
de una empresa, teorizadas por Gary Hamel y C.K. Prahalad
en un artículo inicial en 1990 en la Harvard
Business Review ("The Core Competence of the Corporation"),
el renacimiento del "aprendizage organizacional"
con la obra de Peter Senge (La Quinta Disciplina: Arte
y Práctica de la Organización que Aprende)
y la natural"extensión" a la Administración
Pública de la ola de cambios, con el lanzamiento
del movimiento de "reinvención del gobierno",
a partir del título de un libro publicado por
Ted Gaebler y David Osborne en1991.
En particular, el artículo de Hamel y Prahalad
- "The Core Competencies of the Corporation"
- tuvo mucho eco en los medios empresarios. El término
pasó a ser obligatorio y llevó a un cambio
de óptica - del tradicional enfoque de los negocios
en los que la empresa históricamente se involucró
(y de las unidades de negocio que creó) a la
identificación de las competencias distintivas
y diferenciadoras que adquirió. Este cambio de
análisis fundamentó el movimiento de alienación
y "outsourcing" de todo aquello que no cuadrara
con las competencias centrales y motivó la búsqueda
de nuevas oportunidades de negocio en función
del portfolio de competencias identificadas.
La primera mitad de la década asistió
a una revolución silenciosa, con un esfuerzo
claro para romper una tradición arraigada: la
gestión tiene que dejar de una vez los moldes
tradicionales heredados de Taylor (la tarea,1911), de
Fayol (los silos funcionales, 1916), de Max Weber (la
burocracia, años 10-20 del siglo XX) y Alfred
Sloan (la organización multidivisional, 1923-25).
1990 traería de nuevo al escenario a Michael
Porter con la publicación de una obra de investigación
académica muy ambiciosa - The Competitive Advantage
of Nations. La visión macro-económica
y geo-económica que presenta hizo que muchos
gobiernos contrataran los servicios de consultoría
del profesor de Harvard y desarrollara un negocio de
creación de indicadores de "competitividad"
de los países.
Para el gerente, emprendedor y responsable de políticas
públicas, Porter masificó un concepto
operativo muy útil con soporte empírico
- el de "cluster" industrial identificable
geográfica y territorialmente. Pero, recientemente,
Porter "extendió" la noción
al campo de la innovación en "Innovation:
Location Matters", publicado en la revista Sloan
Management Review (edición de Verano de 2001),
adonde reafirma: "Nuestra investigación
revela el elevado grado de influencia del ambiente local
en el éxito de una actividad de innovación".
La Sociedad del Conocimiento
Drucker, una vez más, marcaría el tono
de la época - en La Sociedad Post-Capitalista,
publicada en1993, explicaría con amplitud la
economía emergente, la economía del conocimiento,
su protagonista (el trabajador del conocimiento) y las
implicancias para las organizaciones.
La idea del "trabajador del conocimiento"
es vieja en Drucker - si por "vieja" aceptamos
que descubrió ese personaje en los años
50 del siglo XX. Ese grupo social es hoy 1/3 de la población
activa y será 40% en 2020, según un estudio
hecho por Drucker y divulgado, este año, por
The Economist (de 3/11/2001).
El concepto mismo de sociedad del conocimiento ha echado
raíces en la última década. Interrogado
sobre el concepto Drucker respondió sin grandes
vueltas: "Es un concepto simple. En un sistema
capitalista, el capital es el recurso de producción
crítico, y está totalmente separado, y
aún en oposición, con el trabajo. En la
sociedad hacia la cual nos estamos encaminando rápidamente,
el recurso clave es el saber. No puede ser comprado
con dinero ni creado con capital de inversión.
El saber reside en la persona, en el trabajador del
conocimiento".
Y, todavía más polémico, diría:
"El capital se volverá redundante, o sea,
está por dejar de ser un 'recurso'. El capital
es importante en tanto factor de producción,
pero no es más un factor de control".
En este período de oro de mediados de los años
90 del siglo XX, el management era, cada vez más,
"invadido" por el análisis histórico
y sociológico y también por la filosofía.
Charles Handy, un irlandés radicado en Inglaterra,
a quien llaman "el Drucker europeo", publica
una serie de obras de reflexión, entre ellas
La Era de la Paradoja. Los ejecutivos comienzan a ser
confrontados con la necesidad de tener una concepción
del mundo diferente - no basta con saber "hechar
mano" a "herramientas" de gestión.
El interregno de la Nueva Economía
Con el disparar de la masificación de Internet
y con la transformación de la World Wide Web
en una herramienta de fácil acceso para el común
de los mortales (con la creación de los "browsers")
y en una plataforma de negocios, la doctrina del management
fue progresivamente "cercada" por las nuevas
realidades.
Los gerentes, súbitamente, dejaron de leer con
la misma voracidad a los gurús académicos
y de las consultoras de gestión, y se volcaron
hacia los nuevos "best sellers" que pintaban
una nueva dinámica empresarial.
Un consultor canadiense forja el término "economía
digital" con una obra con ese mismo título
publicada en 1996 - The Digital Economy: Promise and
Peril in the Age of Networked Intelligence, de Don Tapscott.
Un periodista de la revista Wired (en ese entonces la
de mayor culto), Kevin Kelly, publica en 1998 New Rules
for the New Economy, donde se cambiaban al revés
las leyes económicas válidas a lo largo
del siglo.
Los nuevos términos popularizados por esta literatura
de la "Nueva Economía" comenzaron a
invadir el discurso empresarial y a influenciar, hasta
cierto punto, la práctica de gestión:
intangible, red, "soft", inversión
de la formación de precios, obsoletización,
etc.
Conceptos que habían surgido en un contexto
pre-Web, como la gestión del conocimiento y el
capital intelectual, ganan posiciones y permean las
nuevas plataformas y herramientas.
El "crash" del NASDAQ al principio de 2000
y la inversión en el clima psicológico
del emprendedorismo "dot-com", colocó
un punto final a este interregno.
Con el comienzo de un nuevo siglo, la gestión
pura y dura quiere regresar a las candilejas. El primer
académico en lanzar una pedrada al edificio teórico
de la Nueva Economía fue Michael Porter. El académico
de Harvard, en un artículo publicado en marzo
de 2001 en la Harvard Business Review, acusa a la Nueva
Economía (de los años 90 del siglo XX)
de haber generado un modelo artificial de costos y una
utopía de negocio subsidiada por los accionistas
y inversores y no alimentada por las ganancias obtenidas.
"Los pioneros de la Internet violaron casi todos
los preceptos de una buena estrategia", remató
Porter.
Todavía debemos curarnos de esa dolencia infantil
de la Nueva Economía digital.
El fenómeno metanacional
Mas, en el escenario aparece un nuevo debate crucial
para gerentes y emprendedores. Más importante
que la frontera doméstica es la internacional
- global, dirán los más osados, en un
siglo en que el término "globalización"
está omnipresente.
Pero, ¿ las empresas deberán "internacionalizarse"
siguiendo un enfoque paso a paso (del mercado doméstico
al de exportación y después a la multinacionalización),
forzosamente lento (que implica décadas de aprendizaje
y experimentación) y tendiente a "clonar"
en otros lugares su cultura, o deberán pensar
en forma "global" desde el comienzo y acelerar
ese posicionamiento?
Influenciado por el trabajo de Yves Doz, del INSEAD,
acaba de publicar un libro en co-autoría con
un portugués, José Santos, y con Peter
Williamson, sugestivamente titulado From Global to Metanational.
La noción surge del estudio empírico
de casos entre los que sobresalen las finlandesas Nokia
y Linux . Esto motivó que la corriente de investigación
académica de ese país nórdico sea
una de las más fuertes en esta materia. Estudió,
sobretodo, la "voluntad genética de ser
global" y el cosmopolitismo de los emprendedores
y gerentes que lideran dichas "start-ups".
Periodista del semanario portugués
Expresso, editor
de www.janelanaweb.com
y www.gurusonline.tv.
Puede ser contactado a través del e-mail: jnr@groupadventus.com
Traducción y adaptación por Mujeres
de Empresa.com, Buenos Aires, Argentina
© Janelanaweb.com y Mujeresdeempresa.com, 2002
|